Querido diario (bueno, de querido nada, que si escribo es para desahogarme), estoy harta de todo éste montaje.
Muy bien, sí, mi madre está medio loca, todo el mundo sabe que ya no quiere a papá y todo ese maldito rollo.
Pero ¡Hola! Que estoy aquí, que llevo dos semanas sin que nadie me preste atención alguna y me toca mucho las narices.
¿Y mamá no podía seguir fingiendo que papá es el amor de su vida? Porque ahora ésta santa familia está en una crisis momentánea (momento que no sé cuanto puede durar).
Y todo por culpa del dichoso libro de mi madre. Que si la libertad de expresión, que si es su sueño. ¿Y qué pasa con los míos? ¿Qué yo no puedo tener una familia normal? Cosa complicada, con una madre que escribe libros sobre el sexo, y que ama al párroco (porque lo quiere, que se ve de lejos, caray), yo no se quién me pagará lo que me falta de carrera con todo éste barbullo.
Ya puede tener éxito ése libro de mi madre, que si no nos hundimos en la miseria.
Y ya no sé qué más escribir, porque la información me sale por las orejas a estas alturas, y además tengo hambre. Y cuando tengo hambre me pongo de más mala leche (¿más mala leche? Complicado lo veo…)
Bueno, ya está bien, aquí, reivindicando mis derechos a un diario, la cosa va de mal en peor.
En mi opinión, ésta familia, la familia Llorente, está cayendo en picado.
Menos al que estoy yo, para poner orden al asunto. Para que mi madre no se vuelva más alocada aún y para que a mi padre no le vengan ganas de pegarse un tiro.
Subscriure's a:
Comentaris del missatge (Atom)
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada