divendres, 19 de juny del 2009

Yo, autora

Buenas, me llamo Susana Pérez-Alonso. Nací en Asturias en 1958. Compagino mi pasión por la literatura con mi actividad política, el asociacionismo y la colaboración habitual en prensa y radio. Fui finalista del premio La sonrisa vertical en el año 2000 con la novela erótica Mandarina.Además he publicado el volumen Cuentos de hombres y Nada te turbe.
He seguido escribiendo, libros como por ejemplo:
Nunca miras mis manos (2003)
De la ternura, la impostura y el sexo (2004)
La vida es corta, pero ancha (2005)
En mi soledad estoy (2005)
La fuerza de tu abrazo (2006)

El que se preocupa de rellenar páginas para ser consagrado por la crítica, no sé si es escritor, pero sé que en casi todas las ocasiones, es un fraude: a pocos importa lo que escribe quien escribe para ser Dios y no para disfrutar y hacer que los demás disfruten…
Y quiero dedicar mis libros a LAS MUJERES, ¡con mayúsculas y negrita! A las grandes olvidadas en cualquier faceta de la vida, artística o no.
Vamos allá, esto es literatura femenina: porque lo escribo yo, que soy una mujer, y mes cuesta el doble triunfar que a un compañero del género masculino. Se me supone medio lela e incapaz de escribir una de piratas. ¿Lo de ellos es literatura masculina? Yo creo que no, pero si se empeñan puede ser…
No ha sido fácil, nada fácil.
Seguro que en algún momento de su vida, usted, ha querido cambiarla. Tunearse es posible.
Todos tenemos un sueño. Hay un momento vital en el que decimos: ¿por qué no? La esperanza de doblar una esquina y pensar que todo puede cambiar a mejor es una de las cosas que nos mantienen vivos.

Reconozco mi imbecilidad, la reconozco…

Diario personal de la hija de Sofía

Querido diario (bueno, de querido nada, que si escribo es para desahogarme), estoy harta de todo éste montaje.
Muy bien, sí, mi madre está medio loca, todo el mundo sabe que ya no quiere a papá y todo ese maldito rollo.
Pero ¡Hola! Que estoy aquí, que llevo dos semanas sin que nadie me preste atención alguna y me toca mucho las narices.
¿Y mamá no podía seguir fingiendo que papá es el amor de su vida? Porque ahora ésta santa familia está en una crisis momentánea (momento que no sé cuanto puede durar).
Y todo por culpa del dichoso libro de mi madre. Que si la libertad de expresión, que si es su sueño. ¿Y qué pasa con los míos? ¿Qué yo no puedo tener una familia normal? Cosa complicada, con una madre que escribe libros sobre el sexo, y que ama al párroco (porque lo quiere, que se ve de lejos, caray), yo no se quién me pagará lo que me falta de carrera con todo éste barbullo.
Ya puede tener éxito ése libro de mi madre, que si no nos hundimos en la miseria.
Y ya no sé qué más escribir, porque la información me sale por las orejas a estas alturas, y además tengo hambre. Y cuando tengo hambre me pongo de más mala leche (¿más mala leche? Complicado lo veo…)
Bueno, ya está bien, aquí, reivindicando mis derechos a un diario, la cosa va de mal en peor.
En mi opinión, ésta familia, la familia Llorente, está cayendo en picado.
Menos al que estoy yo, para poner orden al asunto. Para que mi madre no se vuelva más alocada aún y para que a mi padre no le vengan ganas de pegarse un tiro.

Alfabeto de la novela

A - Ambición
B - Burlas
C - Cruces
D - Deseos
E - Escritos
F - Fronteras
G - Golpes
H- Habla
I - Idiotez
J - Juegos
K - Keep out
L - Libros
M - Mentiras
N - Noches
O - Obsesión
P - Protestas
Q - Quehacer
R - Riesgos
S - Secretos
T - Testaruda
U- Uniones
V - Vidas
W - Why?
Y - Yo
Z - Zumbidos

dissabte, 13 de juny del 2009

Dramatización de un capítulo

(Un hombre se aproximaba descendiendolas escaleras de la playa. Sofia Llorente comienza amoverse de forma distinta desde el momento en el lo vislumbra. Los pies de la Sra. Llorente pisan la arena con aplomo, mueve las caderas al ritmo de la música que suena en sus oídos: "fresa salvaje". Camina haciasu toalla cual modelo de anuncio y se toca de manera descidada la nuca.)


CLAUDIO: Tu madre es la leche, Mafalda. ¡Se mueve como si fuese una modelo y mira que es bajita y redonda! ¡Qué morro le echa! Me encanta tu madre. ¡Está loca! Ahora se va a montar, ya lo veréis. ¡Tu abuela, mi padre y el tuyo están que braman!

MAFALDA: Te la alquilo, Claudio, te la alquilo por una cantidad razonable. Y no se va a montar nada.


(Juan, el supuesto enemigo, se acerca por la arena saludando a diestra y siniestra. Saluda sonriente, pero su mirada está fija en Sofia.)


JESÚS (pegándole un codazo a Alberto): ¡Anda, Berti, es Juanito!

ALBERTO: Espero que no dure tu mania sajona de llamarme Berti. No la soporto. Y sí, es el figura ...


(Juan de Balboa camina al ritmo de la música de "Yo soy aquel". Fresa salvaje y yo soy aquel quedan frente a frente. Fresa salvaje se hace la dura y emite una especia de gruñido. Yo soy aquel acerca la mano a la cara de fresa salvaje y la acaricia, dándole un beso en la frente.)


JUAN: Estás muy bien, Sofia.

SOFIA: ¿Porqué voy a estar mal? Estoy como siempre ...


(Fresa salvaje intenta mantener el tipo deseando lanzarse a los brazos de yo soy aquel. Situación tremendamente habitual en la vida diaria, que vemos, pero hacermos todos como que no vemos.)


SANTIAGO LLORENTE: Pensé que estarías en algún lugar perdido y dejado de la mano de Dios, Juan.

JUAN: No, general, estos días son sagrados para mí. Jamás falto a ninguna cita. Ya lo sabe.

SANTIAGO: Sí, hijo, lo sé y me alegro, Juan. Te veo muy bien, muy bien. Ayer vi un reportaje tuyo en la televisión.

JUAN: Carlota, estás estupenda, todas estáis estupendas, y yo me alegro mucho de veros bien, tan guapas como siempre.

CARLOTA: Juan, espero que no le digas esto a Enriqueta: Ha adelgazado medio quilo desde el verano anterior, así que no está como siempre.


(Enriqueta, se muere de ganas de estrangular a su madre. Saluda con un beso a Juan Balboa.)


JUAN: Estás estupenda, Queta. Tu culo, en Arabia, sería símbolo de un cuerpo perfecto. Te lo digo yo que soy experto en culturas.

QUETA (dando una palmada en el trasero de Juan.): ¡Tú sí que estás estupendo, Juanito! Aquí, en Arabia y en Lima. Te lo digo yo que soy experta en culos.

(Dos horas después, Sofia y Juan se dirigen en coche a casa de Sofia para dar lugar a la comida familiar.)
(Una vez en casa, Juan Balboa acaricia su peloy ella se vuelve con ojos sonrientes. Sofia alza los brazos y se engancha al cuello del periodista. El la besa.)


SOFIA: Hacia tiempo que no me sentía así.

JUAN: Espero que seas feliz, que te des cuenta de que él jamás de quiso, que jamás te querrá y que algún día dejes esta absurda batalla. Si algún día alguien te besa y eres feliz, puede que llore pero seré feliz. Si tú lo eres, yo lo seré. Mi amor no es egoísta, Sofia.

Sueño de un personaje

Ahí me encontraba, en aquel sueño que no tenía ni pies ni cabeza:
Estaba sentada, debajo del limonero, al lado de la cerca de arbusto.
Un limón me cayó en la cabeza. Solté un grito inmundo lleno de dolor. Que era un limón, pero era un limón grande.
A éste limón le salieron patas, unas patas amarillas que corían como los de una liebre: pasos pequeños, pero rápidos.
El limón mutante salió por en medio de los arbustos y volvió a entrar como si nada. Con sus patitas excavaba un agujerito en el suelo, de su exacto tamaño, mientras yo me lo miraba extrañada.
De pronto el limón me miró ( y qué extraño suena esto... ) se volvió un libro, de tapa duras, igual que el que había estado editando los días anteriores.
El libro-limón se metió en el agujero, y ese agujero augmentó de tamaño. Cada vez se hacía más grande.
Y de golpe, todos y cada uno de los limones que colgaban del árbol me cayeron encima, algunos más grandes que el primero, mientras me protegía con los brazos. Y como el primero, se convirtieron en libros.
Cayeron al vacío, arrastrándome a mí con ellos.
Caí.
Mientras caía en ese agujero infinito, notaba como alguien me observava desde arriba. Aunque éste agrandara de tamaño, mi hermana, no caía como yo. Se limitaba a decir:
- Margarita, está linda la mar...
- Pero ayúdame porfavor! - le grité. Pero se limitó a mirarme, a coger un puñado de libros y tirármelos encima.
No podía más, estaba rendida de gastar todas mis fuerzas en no caer. Y me resigné a hacerlo, con los ojos cerrados y mis extremidades muertas, absorbidas por el vacío. Entonces desperté.
Me cogí a barandilla de la cama, por miedo a que me absorbiera algún agujero.
Y por una vez en mucho tiempo, deseé que mis sueños no se hicieran realidad.

Diez años antes

Carlota, la madre de Sofía y Enriqueta Llorente del Hierro, estaba preparando el desayuno, como cada domingo, mientra Santiago, su marido, practicaba tiro en el jardín.
Un jardín en el cual reposaban cuatro sillas nuevas alrededor de una mesa, al lado de un joven limonero, que tardaría cerca de nueve años en ser adulto. El jardín estaba protegido por un muro de arbustos, todos perfectamente cortados en forma rectangular.
Alicia Solares llegó enfadada durante el desayuno. Abrió la pequeña puerta blanca que daba al jardín, encontrándose al padre de su mejor amiga.
-¿Qué, Alicia? ¿Te has vuelto a cabrear con tu querido novio?
-No. Mi marido - palabra con la que quería rectificar a Santiago - està con Carlos.
-¿Entonces? - dijo, mientras preparaba el arma de fuego y apuntaba a una lata que colgaba de la rama del joven limonero.
-El párroco de Fernando, me ha echado bronca. Cree que Carlos debería tener una formación como Dios manda - nunca mejor dicho - dice que últimamente no ha ido a misa.
Santiago disparó.
-Pero si tu hijo nunca ha ido a ninguna misa o semejante.
-Lo sé - dijo en un suspiro.
Alicia entró directamente por la puerta de atrás, que daba a la cocina, interviniendo el desayuno.
-Aún es pronto, ¿no crees? - le dijo Sofía, comiendo una tostada. Siempre iban a correrlos domingos por la mañana.
-Quien madruga Dios le ayuda, hija.
-Porfavor, Carlota, ya he tenido suficiente con Fer - soltó Alicia, que buscaba una conversación más ateísta.
Sofía soltó una carcajada.
-Pobre Fernando.
-No, pobre de mí - rectificó Alicia -. Vamos, ¿Quieres acabarte la dichosa tostada, Sofía?
-No me eches prisas ¿Porqué has venido tan pronto?
-No tenía nada que hacer, Jesús y Carlos están en casa y yo he pasado cuatro horas repasando el tema del examen para mañana.
-¿Y no podías emplear una hora más?
Alicia la ignoró por completo.
-¿Dónde tienes al mendas? ¿Y Enriqueta? - preguntó.
-Mi hermana y Alberto han ido a ver qué tal está la tía Clotilde, no se encuentra muy bien.
-Perfecto - dijo Alicia con un tono sarcástico-: la cuñada y el novio...Asegúrate de que no te lo robe...Con lo bueno que está...
-Alícia, que mi hermana y tú, no soys iguales.

dijous, 11 de juny del 2009

El comienzo de la imaginación

La más tonta de las mujeres puede manejar a un hombre inteligente, pero es necesario que una mujer sea muy hábil para manejar a un imbécil.
Y eso es exactamente lo que me ocurría a mí. Héctor me tenía loca, miraras por donde miraras, siempre cometía errores absurdos. Y no lo digo porque sea un hombre (¡qué va!), lo digo por la manera que tenía de manejar y "solucionar" sus problemas. Que me sacaba de quicio. Por esa misma razón lo mandé, hace ya cosa de un mes, a cultivar patatas. En otras palabras, que lo dejé, vamos. Tres meses antes del gran accidente, antes de mandarlo al huerto, nos fuimos de vacaciones a Canarias (la gota que colmó el vaso). Almenos esa era mi intención. Era un regalazo de parte de mis padres por mi vigésimo aniversario. ¡Quería irme de vacaciones, carai!
-Pero Marta, ¿Qué narices hay en Canarias que no haya por aquí cerca, eh? - dijo Héctor, ni que lo tuviera que pagar él, el muy idiota.
-¿Se puede saber qué te pasa? Mis padres nos regalan un viaje, a los dos, y tú prefieres quedarte aquí rascándote la panza. ¿Te parece bonito?- le contesté. Y proseguí a echarla en cara su regalo- Encima, ellos me regalan un viaje, y tú, me regalas una planta de interior. Serà que no tenemos plantas de interior, que tú vas, y compras otra.
Entonces me miró mal. Sí, quería hacerlo sentir mal por su absurdo regalo y su absurda idea de negarse a pasar unos días en Canarias.
-¿Quieres irte a Canarias?- dijo finalmente, después de una pausa-, pues iremos a Canarias.
Me daba igual la razón por la cual había cambiado su opinión, a esas alturas, hubiera cogido cualquierade las personas que pasaban por la calle, y me hubiera ido de viaje con ella. A Héctor, lo necesitaba única y exclusivamente para llevar las maletas (Qué ingenuo era, por Dios)
Esa misma semana nos dirijimos a Madrid, con la intención ("intención", muy intencionada) de coger un avión. Cogimos un taxi para llegar hasta allí. El tiempo pasó bastante rápido. Llegamos al aeropuerto y suspiré con satisfacción.
-Vamos, Héctor, saca los billetes. Están en el bolso.
-¿Qué bolso me dices? - vamos, que más tonto y no nace, el pobre.
-Mi bolso, Héctor. ¡Te lo he dado en el taxi!
-Ah, ése bolso...
-¡Pero vamos! ¡Los he visto más rápidos!
Entonces la cara del zopenco que me acompañaba, de volvió pálida...
¿Dónde estaba el bolso? En el taxi. Mi cartera, mi carné, mis fotos, los billetes, mis pintauñas...Ya podía decir adiós a todo aquello. En ese momento hubiera cogido a Héctor por cualquier lado (bueno, preferentemente por un lado doloroso, cualquier chica lo entiende), sólo con la intencíon de que exhalara su último aliento.
¡Que me había perdido el bolso! Y lo peor, un viaje a Canarias que no volveré a tener cerca ni en pintura acuarelable.
Ahora sí, prefiero la planta de interior, pero no antes que al viaje. Lógicamente, antes que a él.